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Imagen 1/12 Templo masónico

El templo, una alegoría de la    creación

Al principio los hombres y los dioses vivían en armonía y el cielo y la tierra eran una sola cosa. Cuando apareció la discordia, el caos se apoderó de la tierra, el hombre fue expulsado del paraíso y los dioses se retiraron al cielo.

Pero a pesar de todo existe un lugar donde siempre ha sido posible el contacto entre el cielo y la tierra. Este lugar sagrado y secreto está simbolizado por el templo.


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Inicio de proceso

El templo, una alegoría de la creación

Al principio los hombres y los dioses vivían en armonía y el cielo y la tierra eran una sola cosa. Cuando apareció la discordia, el caos se apoderó de la tierra, el hombre fue expulsado del paraíso y los dioses se retiraron al cielo.

Pero a pesar de todo existe un lugar donde siempre ha sido posible el contacto entre el cielo y la tierra. Este lugar sagrado y secreto está simbolizado por el templo.

El templo, imagen visible de una experiencia interior, alude a una geografía sutil que, si bien coexiste con las formas exteriores, no pertenece al mismo nivel de realidad. El templo simboliza el lugar oculto que se revela cuando lo superior y lo inferior se unen indisolublemente. Por eso el hombre, el profeta, es el templo vivo por excelencia, pues en él reside la presencia divina en la tierra.

En el templo se contemplan tres procesos simbólicos fundamentales: el templo primordial, el templo destruido, y el templo reconstruido en la eternidad. La tradición judía relaciona estos procesos con el sueño de Jacob, cuando exclama: «¡Qué terrible es este lugar! Esto es, dicen los rabinos, para enseñar que el Santo, bendito sea, le mostró el templo construido devastado y reconstruido» (Midrash haGadol). Un proceso similar sucede con el hombre. Primero fue creado a imagen de Dios, después, sobrevino la falta y la consiguiente expulsión del Paraíso, y por último aparece el nuevo Adán, regenerado en su cuerpo glorioso, que viene a juzgar a los vivos y a los muertos.

«El templo del Señor es su gracia dentro de nuestro corazón, y el sacrificio es su amor por nosotros y nuestro amor por él» (El Mensaje Reencontrado 19, 47').

  • Emblema de la logia francesa, "Las nueve hermanas", s. XIX


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