La montaña mágica
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En la cima de las montañas la tierra se sutiliza y se reúne con el cielo pero también es donde el cielo se condensa y toma cuerpo, por eso, en todas las tradiciones, las montañas han simbolizado el lugar en donde el hombre puede encontrarse con Dios y viceversa. Sin embargo, este encuentro sagrado no puede producirse en cualquier montaña, sino sólo en una montaña mágica, un lugar secreto al que únicamente pueden acceder los hombres puros que han sido iniciados en los misterios.
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La montaña mágica
En la cima de las montañas la tierra se sutiliza y se reúne con el cielo, también es donde el cielo se condensa y toma cuerpo. Por eso, en todas las tradiciones, las montañas han simbolizado el lugar de encuentro del hombre con Dios. Sin embargo, este encuentro sagrado no puede producirse en cualquier montaña, sino sólo en una montaña mágica, un lugar secreto al que únicamente pueden acceder los hombres puros que han sido iniciados en los misterios. En la tradición judeocristiana el prototipo de este personaje es Moisés, cuando se despojó de sus sandalias, símbolo de lo más bajo, para ir al lugar de su encuentro con Dios.
Así mismo en las montañas se hallan las minas de donde extraen los metales preciosos formados por las influencias del cielo y es justamente allí donde los alquimistas van a buscar su primera materia, germen de la luz celeste, antes de que se especifique en un metal concreto.
La pintura de Joan Miró, "Femme devant l'étoile filante", sugiere magistralmente el encuentro entre lo sutil, representado por la estrella, y lo corpóreo, representado por la mujer-montaña que contiene un secreto en sus entrañas.
Joan Miró, "Femme devant l'étoile filante" (1974)
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Relación 1 de 12. El compás creador
William Blake representó al demiurgo, como la proyección de un punto luminoso aparecido en medio de la noche increada. De este punto surge el Anciano de los días, que crea los universos por medio de un compás. El vértice de dicho compás, imagen de la montaña, permanece inmóvil mientras que en su base se origina la creación.
W. Blake, Europa , 1794.
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Relación 2 de 12. El lugar de la pureza
La montaña donde se halla el castillo de Montsegur es el prototipo de los lugares elevados que unen la tierra con el cielo. Se consideran lugares puros porque el fuego que las montañas guardan en su interior consume las impurezas de la tierra, al igual que el fuego del atanor de los alquimistas hace con los metales. Por esta razón los cátaros construyeron en una de ellas su santuario-fortaleza y, según explica la tradición, en las entrañas de esta montaña todavía se encuentra oculto su legendario tesoro.
Ruinas de Montsegur (s. XIII)
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Relación 3 de 12. Interior-exterior
El templo, como la montaña, simboliza el lugar medianero que, contemplado desde el exterior sólo muestra sus osamentas, mientras que en su interior se manifiesta la gloria divina en forma de luz y color. "Examinadas desde fuera, los rosetones de las catedrales sólo dejan ver su osamenta, pero, vistos desde dentro, su resplandor ilumina al creyente. Así, la palabra de vida oída desde fuera sólo deja ver el hueso de su verdad, mientras que esta misma palabra percibida desde dentro hace saborear la médula nutritiva del creador de todas las cosas" ( El Mensaje Reencontrado XXI, 16).
Catedral de Notre-Dame, París, c. 1245.
Rosetón de la fachada principal de Notre-Dame.
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Relación 4 de 12. La búsqueda del tesoro
Es sabido que en el interior de las montañas es donde se forman los metales valiosos, por eso el hombre desde siempre ha buscado la manera de penetrar en su interior. Sin embargo no es tan fácil acceder a la montaña misteriosa donde se halla la mina del oro filosófico. Tal como aparece en la ilustración alquímica, hay que atravesar el mar de los filósofos y dejar atrás el mundo sublunar.
Ilustración del Splendor Solis , s. XVI.
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Relación 5 de 12. La danza del cosmos
En el interior del templo, al igual que en el interior de la montaña, se halla el fuego que engendra la creación y la destruye. En la imagen del templo hindú, esta energía fija e inmutable está representada por el falo o lingam de Shiva, el núcleo central del templo, alrededor del cual se organizan las diversas partes del conjunto. Como en una danza cósmica en la que las partículas volátiles bailan y son atraídas por un centro fijo.
Bailarina hindú en un momento de la representación del Mahabharata.
Sección de un templo hindú clásico.
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Relación 6 de 12. El tránsito entre distintas realidades
Por su verticalidad la montaña es un lugar de tránsito y de reunión, un espacio sagrado que, al igual que el templo, religa la realidad visible con la invisible. Las mezquitas (número 2 en el esquema superior) son un ejemplo perfecto del tránsito del mundo profano (número 1 en el esquema superior) hacia el centro sagrado, representado en la tradición islámica por la piedra cúbica de la Kaba (número 3 en el esquema superior).
Mezquita de Córdoba, s. VIII.
Esquema de tránsitos hacia el centro (la Kaba).
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Relación 7 de 12. La abertura de los cielos
Una vez alcanzado el lugar secreto, o centro del mundo, simbolizado en este caso por la Kaba, los cielos se abren y puede contemplarse la visión de la gloria divina. Por eso la montaña es el lugar de las visiones y las teofanías tal como aparece en la miniatura que muestra el viaje de Mahoma desde la Meca hasta el cielo. La montaña simbolizaría esta ascensión visionaria y también el "axis mundi" que religa el cielo con la tierra.
Fotografía de la Kaba (La Meca).
Miniatura representado el viaje sagrado de Mahoma hacia el cielo.
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Relación 8 de 12. La residencia de los dioses
El grabado alquímico de Michelspascher representa la montaña mágica donde se realiza la conjunción del cielo y la tierra, por eso Coniunction es el título de la lámina. Una escalera con siete peldaños, en los que están inscritos los nombres de siete operaciones alquímicas asciende hasta el templo que cobija la unión sagrada del rey y la reina. Bajo un techo coronado por un fénix, que ostenta los símbolos del sol y la luna, se hallan los esposos. El lugar se encuentra en el interior de la montaña, que a su vez se levanta en una isla en medio del mar del mundo. En esta montaña sagrada residen los siete dioses planetarios, símbolos también de los siete metales alquímicos, con Mercurio en su cumbre. Una corona zodiacal la rodea, en ella se muestran las correspondencias de las influencias celestes con los sellos de los metales. Cuatro círculos con los nombres de los elementos sellan las cuatro esquinas del grabado.
Pero para penetrar en la montaña y alcanzar la visión de la tan deseada conjunción el adepto deberá seguir a la liebre, animal que según Horapolo simboliza el conocimiento de los secretos. El profano, con los ojos vendados, permanece ignorante de lo que sucede dentro de la montaña.
Steffan Michelspascher, Cábala, espejo del arte y la naturaleza, en alquimia , 1616.
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Relación 9 de 12. La entrada imposible
Las stupas nepalíes aparecen como montañas impenetrables en cuyo interior se guarda alguna reliquia de un santo asceta. Su acceso está vedado al fiel que sólo puede dar vueltas a su alrededor. Así mismo, la stupa se muestra como una montaña antropomorforizada, es decir la imagen del hombre regenerado, el auténtico lugar de unión entre lo más alto y lo más bajo. En la fotografía puede observarse la forma piramidal del conjunto, desde el círculo que forma la base de la stupa, imagen del cielo terrestre, hasta la corona que culmina la piedra cúbica donde están situados los ojos del hombre primordial.
Stupa nepalí.
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Relación 10 de 12. La piedra de coronación
La conversión de la piedra cúbica, o piedra de fundación en piedra piramidal, imagen del cuerpo perfecto, que culmina y corona la Gran Obra de los filósofos, se ha simbolizado de diversas maneras a lo largo de la historia del arte. La montaña es uno de ellos, pero también el mito que narra del nacimiento de Palas Atenea de la cabeza de Zeus, o la coronación de la Virgen, imagen de la materia pura, sublimada.
Cerámica decorada con una representación de Palas Atenea, surgiendo, armada, de la cabeza de Zeus, s. IV aC.
Coronación de la Virgen de Fra Angélico, Florencia, 1440.
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Relación 11 de 12. El gran viaje
Como hemos dicho, el acceso a la montaña sagrada sólo es posible para el iniciado que conoce el camino. Eso lo saben bien los chamanes huicholes que, en su dibujo, han representado el viaje astral de un maestro y su discípulo hacia el lugar mágico de la unión del cielo y la tierra. Para ellos la montaña secreta es el lugar de encuentro con sus ancestros.
Tapiz de los indios huicholes.
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Relación 12 de 12. El cielo terrestre o la tierra celeste
Cuando el cielo desciende sobre este lugar purificado sobre la tierra para residir en él se produce la unión del espíritu con la materia pura. A este misterio se le llama el cielo terrestre o la tierra celeste, representado por la Jerusalén celestial: « El cielo nuevo y la tierra nueva » . La creación perfecta y acabada, representada en alquimia por la piedra piramidal: «Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existía. Y vi a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el Trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres" ( Apocalipsis 21, 1-22).
Miniatura que representa el monte Sión del Apocalipsis, s. XI.
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