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Según la tradición, los creadores de los mitos fueron los grandes poetas de la Antigüedad quienes recibieron por medio de las musas los secretos con los que Zeus ordenó el universo. Lo cierto es que nadie sabe de donde ni cuando surgieron los mitos, aquello que se dice, que se pronuncia, bajo la forma de unos ritmos concretos, de un tiempo. Pues, así como el templo simboliza la ordenación del espacio, el mito, con sus cadencias, nos habla de la noche y del día cósmicos y de sus sucesivos tránsitos. Los mitos ordenan el tiempo sagrado de modo que podría decirse que son el reloj de la noche y del día de Dios.
La pintura de Giorgio de Chirico que abre este montaje se titula "Las arqueologistas", son las musas que perviven entre las ruinas del mundo clásico y que guardan sus secretos. Ellas representan el espíritu vivo que ha inspirado a los auténticos artistas de todas las tradiciones a lo largo de los siglos, quienes de modo más o menos conciente han ido revelando su mensaje. Mensaje que según explica Emmanuel d'Hooghvorst se refiere al: "oro físico, este sol terrestre, objeto de todos nuestros deseos". Entendiendo por sol terrestre la simiente divina que languidece en el hombre, pero que, gracias a unas sucesivas transformaciones o metamorfosis llega a convertirse en el árbol de vida que dará un maravilloso fruto dorado. Pero primero debe descender al fondo de la creación, al lugar oscuro, para enraizarse y remontar de nuevo hacia el cielo, su lugar de origen.
G. de Chirico, "Las arqueologistas", 1927
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